Sipnosis:

Samuel es un niño que tras la ruptura con su novia Iciar y el fin de su amistad con todos sus amigos se queda solo. Pero eso no será lo peor, sufrirá una tragedia que recordará toda su vida, la muerte de un ser querido.

sábado, 12 de mayo de 2012

Capítulo tercero: hemorragia.

 Mi padre fue corriendo a recoger el cuerpo de Ángela gritando y llorando. Inmediatamente todos nos pusimos a llamar al teléfono de emergencia y se lo cogieron a mi padre. Yo no hacía más que llorar, ¿se moriría?
 La sangre se expulsaba de su cuerpo poco a poco, Ángela, ¿muerta? No me lo podía imaginar...
 Me empecé a marear lo cual que me senté en un banco, justamente, ese banco, fue en el que estuve con Iciar.
 -¡No te mueras Ángela, por favor, no te puedes morir! -repetía yo una y otra vez despacio a punto de desmayarme.
 Sin aguantarme corrí yo también hacia el cuerpo de Ángela y pedí ayuda:
 -¡POR FAVOR, AYUDA! ¡AYUDA!
 Parecía que me había despertado un poco y los mareos ya no eran tan fuertes.
 -¡SOCORRO! -seguía gritando yo.
 -Venga mi vida, no te preocupes -me tranquilizaba mi padre intentando tapar la hemorragia.
 Pero yo no le hice caso, seguí gritando y pidiendo ayuda llorando sin lágrimas.
 Las amigas de mi hermana no podía mirar, lloraban y gritaban mirando de vez en cuando. A mi ya no me quedaban lágrimas, y pensar que hace poco lloraba por tonterías...
 Aparté a mi padre y sin darme cuenta le tiré al suelo. Cogí a Ángela en mis brazos y le empecé a dar tortas suaves para que no se durmiese.
 -Venga Ángela, por favor.
 -Quítate hijo, está expulsando sangre.
 Mi padre hablaba apenas con fuerza. Yo no podía respirar por momentos. Ella, la persona a la que más quiero, se estaba muriendo, la ambulancia no llegaba y el tiempo pasaba, y mi hermana se moría, y yo a su vez.
 Se seguían escuchando gritos de sus amigas, pero dudo que lo estuvieran pasando peor que yo. Le rogaba a Dios que no se la llevase pero parecía que Dios no me escuchaba, las piernas me temblaban, y los mareos aumentaban, aveces me imaginaba en el suelo pero después me daba cuenta de que estaba de pie, ahí, junto a mi hermana, a esa que todavía no me daba cuenta de si vivía o moría. En momentos abría los ojos pero la herida del ojo derecho le obligaba a volver a cerrarlos. Se veía el hueso de la pierna que había traspasado la piel y su nariz ya no era bella.
 -¿CUANDO LLEGA LA AMBULANCIA?
 Me daba la sensación de que había pasado una hora o dos, pero en realidad no habían pasado ni diez minutos.
 Después de un rato llegó la ambulancia y al levantar el cuerpo de Ángela y colocarlo en la camilla vi tanta sangre que el mareo se convirtió en un desmayo.

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