Mi padre fue corriendo a recoger el cuerpo de Ángela gritando y llorando. Inmediatamente todos nos pusimos a llamar al teléfono de emergencia y se lo cogieron a mi padre. Yo no hacía más que llorar, ¿se moriría?
La sangre se expulsaba de su cuerpo poco a poco, Ángela, ¿muerta? No me lo podía imaginar...
Me empecé a marear lo cual que me senté en un banco, justamente, ese banco, fue en el que estuve con Iciar.
-¡No te mueras Ángela, por favor, no te puedes morir! -repetía yo una y otra vez despacio a punto de desmayarme.
Sin aguantarme corrí yo también hacia el cuerpo de Ángela y pedí ayuda:
-¡POR FAVOR, AYUDA! ¡AYUDA!
Parecía que me había despertado un poco y los mareos ya no eran tan fuertes.
-¡SOCORRO! -seguía gritando yo.
-Venga mi vida, no te preocupes -me tranquilizaba mi padre intentando tapar la hemorragia.
Pero yo no le hice caso, seguí gritando y pidiendo ayuda llorando sin lágrimas.
Las amigas de mi hermana no podía mirar, lloraban y gritaban mirando de vez en cuando. A mi ya no me quedaban lágrimas, y pensar que hace poco lloraba por tonterías...
Aparté a mi padre y sin darme cuenta le tiré al suelo. Cogí a Ángela en mis brazos y le empecé a dar tortas suaves para que no se durmiese.
-Venga Ángela, por favor.
-Quítate hijo, está expulsando sangre.
Mi padre hablaba apenas con fuerza. Yo no podía respirar por momentos. Ella, la persona a la que más quiero, se estaba muriendo, la ambulancia no llegaba y el tiempo pasaba, y mi hermana se moría, y yo a su vez.
Se seguían escuchando gritos de sus amigas, pero dudo que lo estuvieran pasando peor que yo. Le rogaba a Dios que no se la llevase pero parecía que Dios no me escuchaba, las piernas me temblaban, y los mareos aumentaban, aveces me imaginaba en el suelo pero después me daba cuenta de que estaba de pie, ahí, junto a mi hermana, a esa que todavía no me daba cuenta de si vivía o moría. En momentos abría los ojos pero la herida del ojo derecho le obligaba a volver a cerrarlos. Se veía el hueso de la pierna que había traspasado la piel y su nariz ya no era bella.
-¿CUANDO LLEGA LA AMBULANCIA?
Me daba la sensación de que había pasado una hora o dos, pero en realidad no habían pasado ni diez minutos.
Después de un rato llegó la ambulancia y al levantar el cuerpo de Ángela y colocarlo en la camilla vi tanta sangre que el mareo se convirtió en un desmayo.
hgyhjklh aish, odio la sangre D:
ResponderEliminar